Dirigir personas

Dirigir personas no es una habilidad fácil en la que se puede decir que lo hemos aprendido todo, sino que se mejora y optimiza con el tiempo y, por su puesto, con la experiencia. Se trata de potenciar a las personas para que sean capaces de alcanzar metas comunes, metas que son positivas para el grupo aunque sean contrarias a un posible interés personal.

Dirigir un grupo supone tener facilidad para las relaciones interpersonales así como entender las repercusión que nuestras decisiones como jefe podrán tener en el grupo y en cada uno de los miembros. Se trata de ver a la persona, no al trabajador. Actualmente, es frecuente que el departamento dedicado a la gestión del personal sea llamado Recursos Humanos, algo que lo desvirtúa a priori. Las personas, lo humanos, no pueden ser un recurso; no puede ser una mercancía o un objeto con lo que obtener un rendimiento económico. Un recurso puede ser una fotocopiadora o una bomba para extraer agua, pero no una persona. Por eso, quizá lo primero que debe hacer alguien que pretende dirigir un grupo es ver a las personas y no al recurso que la empresa ha contratado.

Trabajar con un grupo supone buscar las fortalezas y debilidades de cada uno de los miembros. Si necesitamos para una determinada tarea formar grupos de dos o tres personas, será muy recomendable conocer bien al equipo, así como las acciones que se deben fomentar para que se obtenga el máximo rendimiento.